Aleph escribió: Jue Oct 12, 2023 4:08 am Parte de un escrito de hace mas de 10 años, pero mas vigente que nunca:
El conflicto árabe-israelita: génesis y nudoUn antiguo jefe mío, sueco luterano casado con una judía húngara superviviente de Auschwitz, opinaba que el problema era insoluble… porque ambas partes tenían razón.
Yo estoy de acuerdo sólo parcialmente con mi exjefe. Este no es un conflicto racial ni religioso como pretenden algunos medios interesados. Ambos pueblos descienden del mismo tronco semita y sus religiones han convivido en paz durante siglos. El conflicto árabe-israelí es un conflicto tan viejo como la Humanidad:
es un conflicto por la posesión de la tierra, que ambos necesitan para vivir con seguridad y de la que ambos han sido –en circunstancias diferentes– desposeídos.
El Estado de Israel nació en un momento excepcionalmente propicio que difícilmente podría volver a darse: al terminar la Segunda G........ Mundial el mundo entero se sintió abrumado ante la magnitud del genocidio judío y vio con simpatía la idea de un refugio, de un hogar nacional judío, lo que se pudo llevar a cabo porque en aquel momento existían imperios que disponían de la capacidad de crear o repartirse países a voluntad –el propio Winston Churchill, primer ministro británico, se vanagloriaba de haber dividido Palestina para crear el emirato de Transjordania de
un simple plumazo un domingo por la tarde en El Cairo–.
Además de los ultraortodoxos judíos que no aceptaron –ni aceptan– la creación del Estado de Israel porque aún no había llegado el Mesías, otros judíos están o estuvieron en desacuerdo con su creación. Arthur Koestler, judío, consideraba que la resurrección al cabo de dos mil años, de Israel como nación es un fenómeno aberrante de la Historia. Stefan Zweig, en su conmovedor testimonio de la barbarie nazi, explica que en la Europa anterior a la Segunda G........ Mundial, los judíos se sentían ya mucho más ciudadanos de sus respectivos países que judíos propiamente dichos. Y Primo Levi, judío italiano superviviente de Auschwitz, consideró que la creación del Estado de Israel era un error en términos históricos.
Salvador Pániker se preguntaba en El País de 21 de mayo de 2010 si no hubiera sido más conveniente dejar que lo judío –al igual que lo helénico y lo romano– se acabara diluyendo en la gran corriente secularizada de la civilización occidental.
No cabe duda de que el Estado de Israel no ha sido el paraíso de paz y progreso que soñaban los visionarios sionistas. Tampoco se ha cumplido el sueño de Ben Gurión de convertir a Israel en el hogar de todos los judíos: poco más de la tercera parte de la población judía mundial vive en Israel, aunque cualquier judío tiene derecho a solicitar la nacionalidad israelita en el momento que lo desee. Por otra parte, la población árabe que vive en Israel, que tiene una tasa de crecimiento demográfico muy superior a la judía, puede alcanzar en este siglo la mayoría dentro del Estado.
Es obvio que las guerras cíclicas no son la solución a un conflicto cada vez más enconado, por lo que habrá que intentar alcanzar un acomodo parcial.
No se puede pretender conseguir justicia absoluta para un pueblo a costa de cometer injusticia con el otro. Los árabes reclaman su derecho al retorno (reconocido por las Naciones Unidas), pero los israelitas, que fueron injustamente expulsados de sus casas por la barbarie nazi, tampoco pueden volver a las suyas y el 70% de la población judía del Estado de Israel ha nacido en el país.
Han transcurrido sesenta y tres años, cinco guerras y docenas de enfrentamientos armados desde la partición. Ambas partes exponen razones válidas. Ambas partes tendrán que ceder para alcanzar la paz y la seguridad deseadas.
El pueblo judío, que ha producido al menos 170 premios Nobel, que ha contado con personalidades como Newton, Einstein, Freud, Marx, Spinoza, Proust, Kafka, Mendelssohn, Mahler, Chagall, Modigliani… y Woody Allen, no debe consumir su energía creativa en un conflicto interminable que causa tanto dolor a su pueblo y a sus adversarios. Como opinaba Primo Levi, el Estado de Israel puede haber sido un error histórico, pero es un error consumado e irreversible, y ambos pueblos tienen derecho a vivir en paz y seguridad.
El Estado de Israel tiene hoy reputadas universidades, magníficos centros de investigación, institutos tecnológicos de gran prestigio, muy buenos hospitales. Si se alcanzara una paz justa y todo ello se volcara en extender el progreso a todos los habitantes de la antigua Palestina aprovechando la laboriosidad del pueblo árabe, esa zona, una de las más conflictivas hoy día, se transformaría en un foco de progreso y bienestar.
Al día de hoy, las principales cuestiones son la soberanía de la franja de Gaza y Cisjordania, la eventual formación de un Estado palestino en dichas áreas –que acaba de ser solicitado a las Naciones Unidas–, el estatus de la parte oriental de Jerusalén, el destino de los refugiados palestinos y el de los 132 asentamientos israelíes en Cisjordania, y el reconocimiento de Israel y Palestina, de su derecho
a existir y vivir en paz al abrigo de amenazas y actos de fuerza.
De todos ellos, el único asunto verdaderamente difícil de resolver es el destino de los refugiados palestinos; los demás son complejos y pueden ser dolorosos, pero si desde entonces Alemania ha logrado la paz con R___a y Francia después de dos devastadoras guerras, si Estados Unidos y Japón han arreglado sus diferencias en paz, no parece que deba ser imposible llegar a una solución pacífica en el Oriente Próximo, que es hoy día la zona más inestable del mundo y que puede llegar a poner en serio peligro la paz mundial.
Ojalá se logre pronto. Hagamos votos por ello.
F. Acebes del Río
Muy bonito todo, pero el problema no es Israel quien ha tendido la mano, sino los árabes y la influencia de Irán torpedeando cualquier acuerdo y el negocio del terrorismo de grupos como Hamas que no entregaran el poder a nuevas generaciones de palestinos que sinceramente quieren vivir en armonía y en paz con Israel.

