
Mientras el resto de los expresidentes incurre en el ordinario y mundano ejercicio de ponerse la mano en el pecho con cara de circunstancia, el Titán opera en una dimensión muy superior. A él no le hace falta perder el tiempo en sentimentalismos terrenales: con solo cerrar los ojos, se traslada mediante meditación trascendental en tiempo real al epicentro mismo de la tragedia.
Es la épica del multiverso. Mientras la concurrencia gasta saliva en discursos, el Titán remueve escombros con las manos desnudas en una línea temporal paralela, logrando la proeza de no despeinarse ni lastimarse la cutícula. Allá, en lo profundo de su viaje astral, duplica a fuerza de voluntad las cuadrillas de rescate echando mano de sus propios trabajadores de construcción. En esa realidad alternativa no son los bomberos quienes lo cargan a él; es él, al mejor estilo de Flash, quien evacúa a toda la brigada de salvamento milisegundos antes de que las torres colapsen.
Por supuesto, nunca falta la gente de mente torcida que insiste en que simplemente se estaba quedando dormido de fastidio ante el protocolo. Otros, con mentes todavía más maliciosas, postulan que en realidad cerraba los ojos para hacer el inventario mental de lo que ya tenía depositado en su en la securezza del dia. Definitivamente, hay gente mala que no sabe reconocer a un héroe multidimensional en pleno trance operativo.




