El paraíso del bitcóin de El Salvador es un espejismo
Publicado: Mar Jul 12, 2022 3:51 am
Nelson Rauda Zablah - The New York Times - 06/07/2022
SAN SALVADOR — Se supone que los bitcoiners —entusiastas de la criptomoneda más popular del mundo— no confían en el gobierno. Después de todo, una de las premisas del bitcóin es separar el dinero del Estado.
¿Pero qué pasa cuando el entusiasta es el Estado? En El Salvador, durante el último año, muchos miembros de la comunidad global cripto han aplaudido al presidente Nayib Bukele por adoptar el bitcóin como moneda legal, al mismo tiempo que ignoran su desmantelamiento de las instituciones democráticas en los pasados tres años. Bukele ha instrumentalizado el bitcóin para lavar la cara del creciente autoritarismo de su gobierno en la escena mundial. Al difundir su propaganda, los creyentes del bitcóin están promocionando un producto —y llenándose los bolsillos— a expensas de nuestros derechos y recursos.
Cuando Bukele gastó sustancialmente para adoptar el bitcóin, la economía salvadoreña ya estaba en apuros. El total de la deuda pública era aproximadamente del 90 por ciento del producto interno bruto, buena parte acumulada en gobiernos anteriores y otra impulsada por gastos relacionados con la pandemia. Las calificadoras de crédito ya habían empezado a cuestionar la sostenibilidad de la deuda del país. El gobierno de Bukele buscaba un acuerdo de financiamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por alrededor de 1300 millones de dólares.
Fue en ese clima económico en que El Salvador —donde la moneda es el dólar estadounidense— se convirtió en el primer país en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal. Para vender el proyecto, Bukele les aseguró a los salvadoreños que el bitcóin promovería la inclusión financiera (el 70 por ciento de los salvadoreños no tienen una cuenta bancaria), reduciría tarifas en las remesas y atraería turismo e inversión extranjera. Para noviembre de 2021, Bukele había empezado a impulsar una estrategia que le permitiría vender bonos respaldados por bitcóin, un sistema inédito que vio como un medio alternativo para financiar el país, sin involucrar a organismos multilaterales como el FMI.
Para alcanzar las promesas de Bukele, el gobierno presupuestó aproximadamente 200 millones de dólares (tres veces el gasto anual del principal hospital público del país). Con esos fondos, el gobierno creó una criptobilletera con un bono de 30 dólares en bitcóin para cada ciudadano que la descargara (el presidente aseguró que hasta cuatro millones de salvadoreños lo hicieron), estableció un fideicomiso para respaldar las operaciones e instaló 200 cajeros de bitcóin a lo largo del país.
En lugar de invertir en otros proyectos necesarios en un país donde aproximadamente una cuarta parte de la población vive en pobreza, Bukele comprometió el futuro de El Salvador con su apuesta por el bitcóin. Hasta ahora, esa considerable inversión no ha producido los beneficios prometidos.
La ministra de Turismo dijo que, tras la adopción del bitcóin, el turismo incrementó un 30 por ciento en los últimos meses de 2021. En un evento reciente de líderes cripto, otra funcionaria dijo que 50 empresas del rubro habían abierto operaciones en el país y representantes de empresas privadas aseguraron haber creado apenas 113 empleos. Pero es casi imposible determinar si esas afirmaciones son verdaderas. El gobierno no ha publicado cifras detalladas para respaldar esos resultados.
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SAN SALVADOR — Se supone que los bitcoiners —entusiastas de la criptomoneda más popular del mundo— no confían en el gobierno. Después de todo, una de las premisas del bitcóin es separar el dinero del Estado.
¿Pero qué pasa cuando el entusiasta es el Estado? En El Salvador, durante el último año, muchos miembros de la comunidad global cripto han aplaudido al presidente Nayib Bukele por adoptar el bitcóin como moneda legal, al mismo tiempo que ignoran su desmantelamiento de las instituciones democráticas en los pasados tres años. Bukele ha instrumentalizado el bitcóin para lavar la cara del creciente autoritarismo de su gobierno en la escena mundial. Al difundir su propaganda, los creyentes del bitcóin están promocionando un producto —y llenándose los bolsillos— a expensas de nuestros derechos y recursos.
Cuando Bukele gastó sustancialmente para adoptar el bitcóin, la economía salvadoreña ya estaba en apuros. El total de la deuda pública era aproximadamente del 90 por ciento del producto interno bruto, buena parte acumulada en gobiernos anteriores y otra impulsada por gastos relacionados con la pandemia. Las calificadoras de crédito ya habían empezado a cuestionar la sostenibilidad de la deuda del país. El gobierno de Bukele buscaba un acuerdo de financiamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por alrededor de 1300 millones de dólares.
Fue en ese clima económico en que El Salvador —donde la moneda es el dólar estadounidense— se convirtió en el primer país en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal. Para vender el proyecto, Bukele les aseguró a los salvadoreños que el bitcóin promovería la inclusión financiera (el 70 por ciento de los salvadoreños no tienen una cuenta bancaria), reduciría tarifas en las remesas y atraería turismo e inversión extranjera. Para noviembre de 2021, Bukele había empezado a impulsar una estrategia que le permitiría vender bonos respaldados por bitcóin, un sistema inédito que vio como un medio alternativo para financiar el país, sin involucrar a organismos multilaterales como el FMI.
Para alcanzar las promesas de Bukele, el gobierno presupuestó aproximadamente 200 millones de dólares (tres veces el gasto anual del principal hospital público del país). Con esos fondos, el gobierno creó una criptobilletera con un bono de 30 dólares en bitcóin para cada ciudadano que la descargara (el presidente aseguró que hasta cuatro millones de salvadoreños lo hicieron), estableció un fideicomiso para respaldar las operaciones e instaló 200 cajeros de bitcóin a lo largo del país.
En lugar de invertir en otros proyectos necesarios en un país donde aproximadamente una cuarta parte de la población vive en pobreza, Bukele comprometió el futuro de El Salvador con su apuesta por el bitcóin. Hasta ahora, esa considerable inversión no ha producido los beneficios prometidos.
La ministra de Turismo dijo que, tras la adopción del bitcóin, el turismo incrementó un 30 por ciento en los últimos meses de 2021. En un evento reciente de líderes cripto, otra funcionaria dijo que 50 empresas del rubro habían abierto operaciones en el país y representantes de empresas privadas aseguraron haber creado apenas 113 empleos. Pero es casi imposible determinar si esas afirmaciones son verdaderas. El gobierno no ha publicado cifras detalladas para respaldar esos resultados.
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