
Hay que rendirse ante la evidencia: el autoproclamado Príncipe de la Paz sin Nobel posee una capacidad sobrenatural para pulverizar expectativas. Durante dos décadas creímos que George W. Bush ostentaba el récord imbatible del caos mesopotámico: dos invasiones, un Irán fortalecido y un vecindario entero matándose a coñazos en HD. Pero llegó Donald, miró aquella marca histórica con desdén y le dijo al mundo: "Pérate allí, que vengo yo".
Todo comenzó con la genialidad visionaria: nos echamos cachuo al Ayatola, y ¡zuasss!, paz universal. Meses después, Teherán y Washington siguen intercambiando misilazos con cariño, el estrecho de Ormuz sufre de una constipación tan severa que ni ojivas de leche de magnesia lo destapan.
Pero limitar semejante obra maestra al frente iraní sería de una mezquindad histórica. Los hutíes, de entrometidos, decidieron unirse al bonche: avanzaron alegremente por Yemen y apretaron las tenazas sobre Bab el-Mandeb. Estoy seguro que ni en el ajedrez multidimensional el Titán anticipó esta movida. Y cuando Arabia Saudita llamó a la Casa Blanca a pedir auxilio, el Titán aplicó el clásico teorema: «Ese peo es de ustedes».
El pequeño detalle técnico es que mientras Ormuz está intransitable, Bab el-Mandeb empieza a echar humo, e incluso el oleoducto saudí Este-Oeste, diseñado precisamente para esquivar el desastre, ya recibió su respectiva caricia.
¿Creían que habíamos terminado? ¡Para nada! En el Mediterráneo oriental, Israel sigue repartiendo amor indiscriminado. Líbano vuelve a ser un parque de atracciones para la artillería, y Siria vuelve a oler a pólvora fresca. Washington aplica su diplomacia de vanguardia: después de las elecciones todo se solucionará, y el barril de petróleo estará a $2.
Y cuando parecía que al mapa ya no le cabía otra llamita, ¡aparece la nostalgia! Los piratas somalíes han vuelto a las andadas. Aprovechando que la flota internacional está demasiado ocupada esquivando drones y misil3s en el Mar Rojo, los bucaneros regresaron al mercado laboral. ¡El plan de paz de Trump está creando empleo formal en África!
Hagamos inventario: Irán, Ormuz, Yemen, Arabia Saudita, Bab el-Mandeb, Líbano, Siria, y ahora parches en el ojo navegando por el Cuerno de África. Coño, ahora es que vamos bien.
Bush necesitó ocho años, dos guerras formales, el gabinete entero de neoconservadores y billones de dólares para fabricar un verguero inolvidable. Donald está demostrando que, con gerencia empresarial moderna, se pueden superar hasta los insuperables.
Eso sí, no sean malpensados: el Titán no ha fracasado en su misión de acabar con todas las guerras. Simplemente las está juntando todas en el mismo sitio para poder erradicarlas de un solo coñazo.

