
Durante la audiencia de la comisión de investigación del ataque al Capitolio se proyectó la declaración de Ivanka Trump en vídeo, en el Congreso de Estados Unidos, en Washington, este jueves.
IKER SEISDEDOS
Washington - 10 JUN 2022 - 04:03 CEST
Nada más empezar, Bennie Thompson, demócrata de Misisipi que preside la comisión que investiga el ataque al Capitolio, se lanzó este jueves por la noche directo al grano: “El 6 de enero fue la culminación de un intento de golpe de Estado de Donald Trump”, sentenció. Luego, tras el turno de una aún más tajante Liz Cheney (congresista de Wyoming) se emitieron los vídeos “nunca vistos” de la insurrección. Y la docena de miembros de la Cámara de Representantes presentes como público al fondo de la sala empezaron a revolverse en sus sillas. Llegaron aquel día dispuestos a certificar el traspaso pacífico de poderes entre Donald Trump y Joe Biden y acabaron escondidos de la turba para salvar sus vidas.

Un momento de la sesión de la presentación de conclusiones de la comisión que investiga el 6 de enero en el Congreso estadounidense, este jueves en Washington. En la pantalla, el expresidente Donald Trump.
DREW ANGERER (AFP)
Al revivir aquellas horas con nuevas imágenes, montadas con pulso cinematográfico, el puñado de legisladores movía la cabeza, se tapaba la cara con las manos y apartaba la vista del inquietante metraje recopilado durante una investigación que ha durado 11 meses e incluye un millar de entrevistas y la revisión de unos 140.000 documentos. La demócrata Pramila Jayapal (representante por el Estado de Washington) no podía contener el llanto, y, a su lado, su compañera de partido Cori Bush (Misuri) le prestaba un pañuelo para secarse las lágrimas. Después, Jayapal dijo a EL PAÍS: “Nosotros estábamos allí, sabemos lo cerca que estuvimos de perder nuestra democracia. Y sabemos también lo cerca que estamos aún de que eso suceda. Es importante que el trabajo de esta comisión dé sus frutos“.
La primera de las seis sesiones en las que sus miembros (siete demócratas y dos republicanos) quieren compartir esos frutos con el público había comenzado poco después de las 20.00, horario de máxima audiencia para las cadenas de televisión que la emitieron con una puesta en escena que recordaba conscientemente a otros trances dramáticos de la historia reciente de Estados Unidos, como el Watergate (1973) o el escándalo Irán-Contra (1987). “El mundo nos está contemplando”, dijo Thompson con ese gusto tan estadounidense por la épica. “No podemos barrer lo que pasó debajo de la alfombra. El pueblo merece respuestas”, añadió.

Bennie Thompson (izquierda) y Liz Cheney, en la primera de las audiencias de las conclusiones de la comisión que investiga el ataque al Capitolio.
DREW ANGERER (AFP)
Thompson se presentó como un ciudadano estadounidense con “un juramento constitucional”, que exige la protección de Estados Unidos tanto de las amenazas externas como de las internas. “Ese juramento se puso a prueba aquel día”, afirmó, antes de acordarse de los miembros de las fuerzas de seguridad que trabajaron para contener el 6 de enero a la turba. Algunos de ellos estaban presentes en la sala.
Después, fue el turno de Cheney, vicepresidenta de la comisión y una de los dos congresistas republicanos que forman parte de ella (el resto de sus miembros son siete legisladores demócratas). Cheney, proscrita en su partido por oponerse abiertamente a Trump y a la Gran Mentira del robo de las elecciones de 2020, un fraude que aún defiende sin pruebas y que creen amplios sectores de la población, lanzó un mensaje a sus correligionarios: “Llegará un día en el que Trump será historia, pero vuestro deshonor permanecerá”.
La congresista demostró entonces con ayuda de documentos como tuits o mensajes de correo electrónico y con vídeos de testimonios recogidos durante la investigación, que el expresidente republicano y los suyos difundieron “deliberadamente” en los meses previos a la insurrección el bulo del robo electoral, pese a que sabían con certeza que era eso, un bulo.

Captura de uno de los videos inéditos presentados en la primera sesión de las audiencias de la comisión de investigación del ataque al Capitolio, este jueves en Washington.
AP
Muchos de sus colaboradores y miembros destacados del Departamento de Justicia, como el fiscal general William Barr, que llegó a definir, antes de abandonar el cargo, como “una gilipollez la idea de que le habían robado la presidencia”, le dijeron insistentemente al magnate que no había base para sus conspiranoias. Pese a lo cual, Trump siguió empeñado en presionar a los funcionarios de lugares como Georgia para que volvieran a contar los votos. Tampoco dejó de apretar a su vicepresidente, Mike Pence, al que pidió que no lo defraudara y que impidiera el traspaso de poderes por la vía de no validarlo con el poder que supuestamente le otorgaba su cargo. Eso, dijo Cheney, “no solo era equivocado, sino ilegal e inconstitucional”.
Con el aperitivo de la montaña de pruebas que la comisión quiere compartir quedó claro lo que esta pretende demostrar: que el 6 de enero no fue un día en concreto, en el que Trump arengó para que marcharan sobre el Capitolio a quienes habían acudido a un mitin en el que, les prometió, “algo grande” iba a pasar, sino que fue la culminación, “el final de un camino”, como lo definió Thompson, de meses de una maquinación sin precedentes para lograr mantenerse en el poder. Un plan que fue orquestado de principio a fin por un mandatario con delirios de autócrata.
Y eso, pese a que sus personas más cercanas trataron de disuadirle. Entre el material puesto a disposición del público destacó una grabación de Ivanka, hija de Donald Trump, en la que se la oye distanciarse del padre y ponerse del lado de Barr. También hubo ocasión de escuchar al yerno, Jared Kushner, que definió como “gimoteos” las amenazas de dimisión de la consejera del presidente Pat Cipollone en los días previos al 6 de enero. Esas amenazas hablan para la comisión con elocuencia de la tensión que se vivió en la Casa Blanca en esas fechas.
Este jueves también quedó demostrado que durante la insurrección, Trump desoyó los ruegos de sus asesores y de otras personas afines como Sean Hannity, locutor de Fox News (cadena que no ha retransmitido la audiencia), de que hiciera algo por parar a los suyos, durante las horas en las que tomaron por la fuerza la sede de la democracia estadounidense. El aún presidente asistió desde el Despacho Oval y por televisión a un espectáculo en el que la violencia campaba ya por sus anchas. Ese día murieron cuatro personas, y en las jornadas siguientes, otras cinco más.
La audiencia —a la que seguirá la segunda el lunes próximo― continuó con el testimonio en la sala de alguien que estuvo en primera fila, Caroline Edwards, una agente de la policía del Capitolio que, como centenares de sus compañeros, resultó gravemente herida, ante el empuje de los alborotadores favorables a Trump y de miembros de grupos de extrema derecha, como los Proud Boys (Muchachos orgullosos) o los Oath Keepers (Guardianes del juramento), que se citaron ese día en la Capital Federal.
El relato de Edwards, que sufrió durante el ataque daños cerebrales de los que aún no se ha recuperado, fue desgarrador: “Había agentes sangrando por todas partes; otros vomitaban. Me resbalaba con la sangre de los demás. Asistí a una carnicería y al caos. No puedo siquiera describir lo que pasó. Ni en mis más salvajes sueños pensé que me vería en mitad de una batalla como esa. Fueron horas y horas de un combate cuerpo a cuerpo para el que yo no estaba entrenada como policía. Era una zona de G........ absoluta”.

La agente Caroline Edwards y el cineasta Nick Quested, durante el testimonio del segundo, este jueves en el Capitolio.
ANDREW HARNIK (AP)
El cineasta británico Nick Quested fue otra de las piezas fundamentales del puzle de la primera noche. Quested siguió a los Proud Boys en los meses previos a la insurrección con idea de filmar una película. Y fue testigo de una reunión el 5 de enero entre el líder de estos, Enrique Tarrio, y el fundador de Oath Keepers, Stewart Rhodes, en un parking de Washington, a pesar de la orden judicial impuesta a Tarrio de alejamiento del Distrito de Columbia como consecuencia de un arresto anterior. Varios miembros de ambas milicias han sido acusados por la justicia de rebelión sediciosa. El día del ataque Quested observó cómo los “manifestantes se convirtieron en alborotadores y finalmente protagonizaron una insurrección”.
En los vídeos proyectados por la comisión se vio también a unos cuantos de los participantes en el 6 de enero recordar que durante esos meses se vieron sometidos a algo bastante parecido a una sesión de hipnosis política. Robert Schornak, condenado a 36 meses de libertad condicional por su participación en la insurrección, declaró en un interrogatorio que Trump le “hizo creer que le habían robado las elecciones”. Y después añadió: “A mí, él solo me ha pedido dos cosas: que lo votara, y que viniera a defenderle a Washington el 6 de enero. Hice ambas”.
Cuando Thompson levantó la sesión, el congresista por Maryland Jamie Raskin, uno de los miembros más activos de la comisión, bajo del estrado con un ejemplar de bolsillo bajo el brazo de El sentido común, clásico fundacional del mito de la nación estadounidense, publicado por Thomas Paine en 1776, y definió lo que, a su juicio, resume la gravedad del ataque al Capitolio, antes de recordar que su trabajo no es el de un tribunal, y que ellos no pueden encausar a nadie: “Lo peor fue la combinación de la naturaleza devastadora de la violencia y la amplitud de una trama basada en una mentira absoluta”.

Jamie Raskin, este jueves en el Capitolio.
DREW ANGERER (AFP)
Después, Raskin ofreció palabras de consuelo a la agente Edwards y al agente Hearry Dunn, un hombretón de casi dos metros que llevaba una camiseta en la que se había hecho imprimir la definición tuneada de la palabra “insurrección”. La primera acepción decía: “Un levantamiento violento contra una autoridad o un Gobierno”. La segunda se limitaba a formular una fecha: “6 de enero de 2021″.



