Gigantes como Chevron redoblan su apuesta a 7.000 millones de dólares y ExxonMobil o ENI avanzan en su desembarco

Refinería de PDVSA en Puerto La Cruz, estado Anzoátegui (Venezuela) Yuri CORTEZ AFP
H. Montero
20.09.2026 03:00
La alianza entre Washington y North American Blue Energy Partners (Nabep), la segunda petrolera venezolana, está teniendo el efecto dominó que pretendía el presidente de EE UU, Donald Trump.
En las últimas semanas, gigantes petroleros globales, estadounidenses en su mayoría, se han lanzado por fin a anunciar su desembarco, su regreso o su apuesta redoblada ante la nueva realidad de Venezuela.
El acuerdo por el que el Gobierno de Estados Unidos detenta una participación del 35% en la compañía convierte a Washington en socio directo de esta firma clave en el resurgimiento petrolero del país caribeño y establece un nuevo marco de garantías, acceso al crudo y supervisión estadounidense. Justo lo que necesitaban los inversores más reticentes.
El pacto contempla concesiones para explotar 17 yacimientos con unas reservas probadas de aproximadamente 65.000 millones de barriles, el 21,5% de las reservas medidas de crudo venezolanas.
Estados Unidos, además de su participación accionarial, obtiene el derecho a adquirir a precio de coste el 20% de la producción de Nabep y un derecho preferente sobre el resto. La Casa Blanca sostiene que el acuerdo permitirá movilizar una inversión cercana a los 100.000 millones de dólares para desarrollar esos recursos.
La importancia económica del acuerdo reside también en su efecto dominó. Nabep se ha convertido en un imán como segundo mayor productor privado de Venezuela, por detrás de Chevron. La empresa produce actualmente unos 200.000 barriles diarios y prevé elevar esa cifra hasta 500.000 barriles diarios a finales de 2028. La petrolera que preside Betancourt asegura que la expansión ya estaba en marcha gracias a la reinversión masiva de flujo de caja propio generado en Venezuela.
Es precisamente esa combinación –reservas de larga duración, capital, respaldo estadounidense y un nuevo marco legal– la que está modificando el comportamiento de otras compañías. Chevron ha anunciado una fuerte ampliación de su actividad en Venezuela y otras petroleras globales están evaluando proyectos ante el «boom» de las últimas semanas.
El cambio resulta especialmente visible en ExxonMobil, otro coloso. La compañía, que abandonó Venezuela después de la nacionalización de sus activos durante el Gobierno de Hugo Chávez, está negociando ahora su posible regreso y estudia activos de la Faja del Orinoco, incluido Petromonagas. La petrolera avanza en conversaciones para volver a una zona de la que salió en 2007. El contraste con la posición mantenida durante años resulta significativo. La compañía ha reclamado durante años compensaciones por la pérdida de activos.
Ahora el contexto es diferente. Chevron ha anunciado una inversión de 7.000 millones de dólares para aumentar su producción venezolana de unos 280.000 barriles diarios a alrededor de 600.000 en cinco años. Eni también ha alcanzado acuerdos con el Gobierno venezolano, mientras que Continental Resources, uno de los grandes productores privados estadounidenses, acaba de firmar un memorando con la estatal PDVSA para estudiar el desarrollo del bloque Ayacucho 2, en la Faja del Orinoco.
El caso de Continental revela que el «boom» atrae a nuevos jugadores. La empresa, con sede en Oklahoma, comenzó a estudiar oportunidades en el país después del llamamiento de la Administración Trump a las petroleras estadounidenses para participar en la reconstrucción de la industria. El bloque sobre el que trabaja ocupa unas 51.000 hectáreas y contiene una estimación de 30.000 millones de barriles estimados.
El efecto puede verse también en las expectativas de producción. Venezuela extrajo en agosto un promedio de 1.201.000 barriles diarios (bpd). En 1998, un año antes de que el chavismo llegara al poder, se producían 3,1 millones. En lo que va de 2026, la producción ha aumentado un 29,9%, desde los 924.000 bpd de enero, cuando Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro en Caracas.
Ante la velocidad de crucero que está tomando el desembarco, el secretario estadounidense de Energía, Chris Wright, ha señalado que la producción venezolana podría duplicarse antes del final de la década y ha destacado la rapidez con la que se están cerrando nuevos acuerdos. Wright también ha anticipado que Nabep necesitará establecer nuevas asociaciones para desarrollar una base de reservas de esa dimensión.

