
Por definición, una vacuna es una sustancia que estimula la respuesta del sistema inmunológico en contra de una enfermedad. Originalmente el espectro terapéutico de las vacunas comprendía únicamente enfermedades infecciosas. Hoy en día, este incluye una amplia variedad de condiciones, que van desde enfermedades autoinmunes a degenerativas.
Las vacunas representan una de las herramientas mas importante del espectro profiláctico del arsenal terapéutico. En su efectividad se emplean dos parámetros fundamentales: su habilidad para limitar la infección; y su capacidad para impedir que le enfermedad progrese a una condición grave.
En su capacidad para limitar la infección las vacunas pueden prevenir la ocurrencia de la infección, o en su defecto, pueden coartar su diseminación. Esta habilidad deriva de la capacidad de los anticuerpos de bloquear proteínas claves en el patógeno que son necesarias para su adhesión y/o incorporación dentro de su célula blanco. Tal bloqueo va desde la nulificación de la habilidad del patógeno de atacar la célula, a una limitación importante en su diseminación. En el primer caso la vacuna produce inmunidad completa, mientras que en el segundo produce inmunidad parcial, que si bien no previene la infección, limita su progresión. Más importante aún, al limitar la replicación viral, esta inmunidad parcial conduce a cargas virales muchas más bajas, reduciendo enormemente la propagación del virus (valor de Ro).
Otro de los mecanismos de las vacunas es el de activar la inmunidad celular mediada por las células linfocitarias. Este tipo de inmunidad actúa cuando el virus ha logrado burlar la primera línea de defensa mencionada arriba. La célula infectada ha sido secuestrada por el virus quien usa su maquinaria para hace millones de copias de el mismo. En esta situación el linfocito detecta la célula secuestrada, y actúa sobre esta causando su destrucción, eliminando con ello el virus alojado en esta. Mediante este mecanismo la vacuna limita la progresión de la enfermedad, evitándose con ello sus complicaciones mas serias.
De aquí que yerra quien precisa la falla terapéutica de una vacuna cuando esta no previene en un 100% la ocurrencia de infección. Ello da cuenta de una visión miope del espectro de acción de la vacuna, limitado exclusivamente a su capacidad neutralizante. Tristemente este es uno de los puntales de la comunidad antivaxxer, quien hábilmente ha diseminado una concepción errónea y fraudulenta de la eficacia de la vacuna. Muestra de ello la podemos conseguir en nuestro foro, donde un forista y sus alter-egos consistentemente califican de “pseudo-vacunas” las iniciativas actualmente disponibles para tal fin.
Uno de los retos de las vacunas en general es que estas están diseñadas contra organismos vivos, continuamente sujetos a la fuerzas evolutivas de la selección natural. En tal sentido, estos agentes son cambiantes. Este cambio es particularmente importante en virus, cuyo genoma es más pequeño, y carece de maquinaria propia que garantice la fidelidad de su replicación. Los coronavirus son un perfecto ejemplo de esto. La aparición de una mutación ocurre cada 400 replicaciones. En cada célula ocurren miles de millones de copias del virus, y cada organismo exhibe miles de millones de células infectadas. La probabilidad de mutación aumenta aún mas cuando luego consideramos que cada día cientos de miles de personas son infectadas por el virus, de allí que la aparición de nuevas variantes de interés es anticipada y un hecho. De aquí que es ridículo pretender que la eficacia de una vacuna se mantenga constante a lo largo del tiempo. La acumulación de mutaciones reduce progresivamente la capacidad neutralizante de la vacuna, no obstante, mantiene la inmunidad celular de estas (recuerdan los linfocitos) por lo que su efecto terapéutico perdura a pesar de mostrar una reducción en su habilidad inmunizante.
De aceptar la definición antivaxxer de vacuna, una en la que hay inmunidad 100% en adquisición de enfermedad, y que dicha inmunidad es estable a lo largo de todo el tiempo, estaríamos forzados a calificar de pseudo-vacunas a todas las vacunas que hasta la fecha desde Jenner en el siglo 18, hasta hoy se han creado. Tal definición es irreal y solo se acomoda a una agenda que por delirio o malicia ha sistemáticamente torpedeado uno de los pilares fundacionales de nuestra lucha contra el COVID.

